Entrevista a Mariana Docampo

Mariana Docampo
Mariana Docampo, Buenos Aires.

Con motivo de la clausura del 10º Festival de Tango Queer de Buenos Aires, invitamos a Mariana a contestar unas preguntas sobre los retos del tango queer hoy.

Estas fueron sus respuestas.

Desde el equipo del Queer Tango Project enviamos un caluroso agradecimiento a Mariana por contestar a esta entrevista, así como a Augusto y al resto de las personas que, año a año, trabajan para que el festival de tango queer de Buenos Aires siga creciendo y sirviéndonos como referente en todo el globo.

¿Qué fue diferente en esta edición del festival?
Creo que lo que es diferente es la realidad social que vivimos y cómo nos sentimos hoy los tangueros queer, a diferencia de cómo nos sentíamos antes, tanto en nuestros espacios como en el circuito de tango tradicional. Estamos viviendo una buena época, celebratoria, de gran libertad. Y yo creo que el tango queer es responsable de eso, en gran medida. Nuestra propuesta desbordó en todos estos años hacia el ambiente de tango general, en las dinámicas de baile, en la libertad que se respira en muchos salones, fue motor de la transformación que hoy se ve en todas partes.

¿Qué retos afronta el festival de cara al futuro?
Mantenernos en el tiempo es todo un reto. El festival cuesta mucho trabajo, no solo a los organizadores sino a los profesores y a los artistas que participan, y que muchas veces han trabajado ad honorem o por poca plata en apoyo a la propuesta, del mismo modo que nosotros.

Con Augusto nos ocupamos de brindar una alta calidad artística y pedagógica cada año. Hay un diseño muy fino detrás de cada edición, un tejido del que somos responsables. Y como además se trata de una propuesta cultural y política, el equilibrio es muy difícil de lograr. Quiero recalcar que aún si no tenemos fines comerciales, sí queremos que los profesores y artistas queer podamos vivir del tango. Queremos que el festival y nuestras milongas sigan siendo la plataforma para que los artistas y profesores queer se inserten en circuitos de tango queer internacional, y también en ambientes de tango general. Por eso los promocionamos y los apoyamos todo lo que podemos, ocupándonos a la vez de prestigiar el festival con personalidades de gran trayectoria, como Los Reyes del Tango, Lidia Borda, Carlos y Rosa Pérez, Aurora Lúbliz, Gabriela Elías.

Para que el festival siga manteniendo su calidad y su prestigio, tiene que funcionar bien económicamente. Lo voy a decir con claridad: La subsistencia del festival depende fundamentalmente del pago de las entradas y en particular, de los workshops. Nunca nos interesaron los subsidios públicos o institucionales, ni las donaciones de ONG de países del llamado primer mundo, porque implican relaciones de poder con las que no estamos dispuestos a lidiar. No hay más pedido que ese: el pago justo por el servicio que ofrecemos. Por el momento es la manera que se nos ocurre. Y para eso necesitamos que se dejen de lado las especulaciones que permiten obtener durante la semana del festival clases más baratas con los mismos profesores o con otros, usufructuando del servicio que ofrecemos por un precio irrisorio.

¿Qué retos crees que afronta el tango queer en general hoy en día y de cara al futuro?
Hay dos cosas que me parecen fundamentales. Por un lado creo que es muy importante estar atentos a las transformaciones sociales. El tango es una actividad cultural, y depende de una práctica cotidiana y real. Por eso creo que no debemos forzar la práctica en pos de ideales teóricos, sino permitir que las ideas estén al servicio de lo que pasa. Está bueno que vayamos pensando la práctica, que abramos caminos, ampliemos horizontes para la acción, pero para mí es un error pretender dirigirla, censurarla de acuerdo a si se atiene o no a la teoría. Porque anteponer la teoría a la práctica puede ser una fuerza empobrecedora, que atenta contra la libertad y el movimiento.

Y por otra parte, creo que es muy importante respetarnos entre nosotros, trabajar en red. Los que estamos hace muchos años, los que llegan ahora. Los que iniciamos el tango queer en cada ciudad del mundo nos sentimos muchas veces amenazados por la falta de historicidad de los más jóvenes, algunos de los cuales llegan al mundo tanguero como si las cosas siempre hubieran sido así y no entienden lo mucho que nos costó construir la plataforma actual, y que además sigue siendo aún un desafío sostenerla en el tiempo. Pero también para nosotros no es fácil entender las nuevas dinámicas y necesidades, por eso es importante la cooperación y el respeto entre las generaciones. Estaría bueno que trabajemos juntos, en vez de competir. Es una oportunidad única para ampliar perspectivas. Estamos componiendo un mundo mejor para todos, no lo perdamos de vista.