Del armario a la pista: reexamen de la relación entre el tango queer y el tango mainstream

We continue our Spanish series of essays from The Queer Tango Book and are happy to present a translation of writer and co-editor Ray Batchelor’s essay ‘Coming Out to Dance: or getting it straight – a re-examination of the relationship of Queer Tango to the tango mainstream’ from chapter three: Rethinking the Dance, The Queer Tango Book – Ideas, Images and Inspiration in the 21st Century. The Queer Tango Book is edited by Birthe Havmoeller, Ray Batchelor and Olaya Aramo; published in March 2015 by The Queer Tango Project as a free ebook in English.
 

Del armario a la pista: reexamen de la relación entre el tango queer y el tango mainstream

© Ray Batchelor. Traducido por Olaya Aramo.

Como muchas de las personas que bailan tango, me siento impulsado a bailar. En una vida llena de actividades de afirmación personal, el tango me da placer, alegría, la sensación de estar plenamente vivo y me satisface más que casi cualquier otra cosa. Excepto por impedimento físico, no puedo imaginarme no queriendo bailar, no queriendo bailar regularmente y no tratando de bailar bien.

Empecé a bailar tango en 2003. En 2008, cuando Tim Flynn fundó Queer Tango London, aparte de algunas valiosas actividades pioneras, iniciadas por Lora Hudson, simpatéticas con el concepto, y algunos otros eventos diseminados, el tango queer apenas si existía en Londres. Desde que me di cuenta de que el tango estaba creciendo en Londres, he llevado un “Diario de Tango Queer”. Cuando empecé a bailar tango queer en milongas convencionales sobre 2010, al principio exclusivamente llevando a otro hombre, éramos un espectáculo. La gente que nos veía nunca o casi nunca había visto a dos hombres bailando juntos, y nos miraban con evidente sorpresa. Confieso que lo disfrutábamos bastante. Las cosas han cambiado desde entonces. Una de las típicas entradas de mi diario nos da una idea de estas prácticas emergentes: el 22 de junio de 2012, escrito en el tren de vuelta a casa desde Carablanca, una milonga tradicional muy popular y de larga trayectoria:

‘Una noche de tango queer plenamente agradable. Llego a la mitad de una compleja clase sobre sacadas. Muy interesante. Cuando llego yo hay…dos hombres solos. Uno, no estamos seguros de si es gay o no (y qué importa), inmediatamente se ofrece a llevarme y después a que yo le lleve. El otro, esta vez un completo desconocido, ofrece lo mismo. Ambos, totalmente cómodos. Termino la clase sin enterarme del todo y llevando a mujeres. Todas muy agradables.

Después los bailes: bailo con Erika, deliciosa sinergia (construida a través de los años), funcionando a toda máquina; con una exótica académica, un poco exigente, de unos sesenta y pico; y con Chris, con quien no he bailado desde hace meses, pero después de unos minutos reestableciendo relaciones en la pista, bailamos nuestro baile (mientras cambiamos roles) y es buen baile; con una encantadora, relajada y estilosa actriz; con un escritor, siempre dispuesto a algo interesante, que acaba de llegar de Texas.’

Una mujer con la que he bailado en la clase, a la que no conozco de antes y que me gustó, no lleva tacos. Miro cómo lleva. Después le pregunto si se sentiría preparada para llevarme. Ella accede, pero sigue mejor que lleva y yo sigo indudablemente peor. Así que después de un agradable ir y venir, nos pasamos a los roles convencionales. Tras lo cual, gentilmente, me dice “soy ligera de llevar, no como la mayoría de los hombres”. Estoy de acuerdo en que a veces entre dos hombres se puede convertir fácilmente en una pelea. Nos reímos mucho y bailamos bien… Con Tony, al que vi por última vez en un evento de tango vestido con un pañuelo en la cabeza y un pantalón turco de mujer. Esta noche es un hombre. Bailamos intercambiando roles. Con “J”, una lesbiana colombiana, una de las bailarinas más deliciosas de Londres. En un momento pregunta: “¿peleamos?” y alza sus puños. “No”, digo, “tenemos que seguir siendo femeninas, lo cual es obviamente más fácil para mí que para ti” ¡Reímos a carcajadas!

Veo a Olivier, que ha estado bailando con muchas mujeres. Baila siguiendo con ese chico simpático de la clase, que posiblemente sea gay. Después, le cabeceo y le llevo en una tanda. De lo más grato.

Los demás, todos buenos. Después Erika otra vez y los últimos bailes con Chris. Esta es una estupenda noche de tango queer. Todas las combinaciones bailadas entre la multitud tradicional. Política representada. Algunos bailes estupendos y gran número de muy buenos. Todos gozosos.

Tango queer: orígenes y mitos
El primer evento de tango queer fue organizado por Marga Nagel, Ute Walter y Felix Feyerabend en Hamburgo en 2000. Desde entonces, innumerables manifestaciones de tango queer se han extendido por todo el mundo, sin excluir Buenos Aires poco después y ahora también Londres. Casi todas ellas siguen un modelo similar de prácticas LGTBIQ en el siglo XX: la creación de un espacio “seguro”, y quizás exclusivamente LGTBIQ, donde cosas que la gente hace en otros sitios – rugby, submarinismo, conducir coches antiguos, tango, etc. – se pueden practicar separada y confortablemente, sin miedo al ataque o al ridículo.

Como actor en la compañía Gay Sweatshop a finales de los setenta, trabajé justamente en una organización de este tipo, llevando papeles gays a las comunidades gays para fortalecer un sentimiento colectivo de (lo que entonces se llamaba) identidad gay, para luchar contra la opresión. Los espacios seguros de tango queer dan acceso, a quienes de otra manera podrían sentirse amenazados y no bailar, a los deleites únicos del tango. Son espacios donde podemos bailar el rol que queramos con quien queramos. Hasta ahora ha habido un necesidad: debemos mantener estos espacios por los peligros que pueden provenir del miedo y los malentendidos por ambas partes. El simpático joven cirujano que cosió mi cabeza cuando fui golpeado con algo metálico (por homofobia) en 1979, dijo que si alguna vez perdía el pelo, el mundo vería el símbolo de Mercedes que acababa de bordar sobre mi calva. Desde entonces siempre he sentido con todo mi corazón que la mayor protección a largo plazo contra la violencia y los malentendidos no es retirarse (aún siendo necesaria la protección contra la violencia y los malentendidos a corto y medio plazo), sino la apertura, la transparencia y el compromiso. En otras palabras, el reemplazamiento gradual del amenazante y desconocido “ellxs” con el mejor formado y menos remoto “seres humanos”. Hasta un punto que la gente más joven puede encontrar difícil de apreciar, aquí en Gran Bretaña las circunstancias en este sentido han mejorado hasta el total reconocimiento a lo largo de mi vida, aunque nunca debemos olvidar las terribles condiciones que persisten en otros lugares.

En 2012, Tim Flynn invitó a la carismática Ute Walter como profesora invitada en Queer Tango London. Dio una clase interesante y que hacía reflexionar. Walter particularmente proponía “el seguir activo”. Explicó que más que seguir las convenciones “heteronormativas” del tango, respondiendo “pasivamente” las direcciones de quien lleva, quien sigue hace intervenciones en el fluir del baile y a veces toma el liderazgo.

Erika, mencionada antes en mi diario, vino a la clase de Walter con su marido Martin. Erica y yo habíamos bailado siguiendo un patrón convencional de líder y follower durante dos o tres años y yo había bailado ocasionalmente con Martin, siendo llevado y llevando también. Cuando Ute expuso esta particular visión del tango queer, me sentí intranquilo. En parte, por Erika y Martin y otrxs invitadxs de la escena tradicional cuyo baile estaba siendo impugnado; pero fue más porque estaba en desacuerdo (y sigo estándolo) con la premisa fundamental, y me sentí obligado, respetuosamente, a decirlo.

Estoy en desacuerdo con la noción de que el tango queer es primariamente una respuesta al tango “heteronormativo”. Muchas prácticas que caracterizan al tango queer hoy existían y fueron originadas en el tradicional. Una lista provisional podría incluir: mujeres bailando con mujeres; hombres bailando con hombres; seguir activo (aceptable si se hace bien, pero opcional); llevar desde el rol de seguir, lo mismo. Pero discrepo en un nivel más fundamental. Aprendí a bailar en el ambiente tradicional. Por mi experiencia personal en el tango tradicional y con mis compañerxs de baile en la escena del tango tradicional y mis conversaciones con otrxs que lo bailan, buenxs bailarinxs, este tango de un solo sentido, opresivo, “heteronormativo”, como lo implica la afirmación de Walter y comúnmente se considera en entornos de tango queer, no es característico del tango “convencional” de alta calidad. Es o bien una caricatura tomada del tango de espectáculo (que, después de todo, dio el pistoletazo de salida al “renacimiento del tango” de los ochenta que siguió a la caída de la dictadura en Argentina, y que en las mentes de muchas personas es “el tango”), o bien la consecuencia del tango bailado con el fin de parecerse lo más posible a ese modelo, es decir, una serie de prácticas con las que no estoy familiarizado. O dentro del baile social más sutil con el que sí estoy familiarizado, es una consecuencia de llevar mal.

El tango queer y el mainstream: una mirada alternativa
Christine Denniston, cuyos juicios sobre el tango en Argentina en la así llamada “Edad de Oro” están basados principalmente en conversaciones con aquellxs que estaban allí, escribe:

‘El tango se percibe a menudo como un baile macho. El hombre lleva, y la mujer sigue. El hombre da órdenes y la mujer hace lo que le dicen. Esta asunción parece natural, pero malentiende la naturaleza de la danza como fue hecha en Buenos Aires en la Época de Oro. Para aprender “el rol de hombre”, se esperaba que el hombre se pusiera en “el rol de la mujer” hasta que lo entendiera completamente. Hasta que sintiera desde su experiencia personal exactamente lo que la mujer quería y necesitaba para su comodidad y placer. Sólo cuando él había entendido perfectamente lo que le pasaba a la mujer cuando bailaba tango se le permitía empezar a aprender “el rol de hombre”. Esto es, de hecho, la antítesis del machismo (Christine Denniston, 2007).’

Denniston nos recuerda que el baile surgió en un tiempo en que en Argentina y Uruguay los hombres eran mucho más numerosos que las mujeres. De esas mujeres, algunas eran trabajadoras sexuales, de las que había gran demanda, significando que el ratio de hombres sobre mujeres respetables y casaderas era incluso más desequilibrado. En algunos contextos, la milonga era una oportunidad que las mujeres jóvenes respetables tenían para examinar las características de hombres rivales como posibles maridos. Como las mujeres podían escoger y elegir, la competición de hombres rivales por esposas era intensa. Pocas mujeres, teniendo la oportunidad, elegirían un hombre que arbitrariamente impusiera su voluntad sobre ellas. Por el contrario, podrían ser favorecidos los compañeros atentos y sensibles que responden a la persona con la que bailan y dedican sus energías a hacer sentir bien a su compañera de baile.

Tanto esta perspectiva histórica como las experiencias contemporáneas me confirman en mi punto de vista: el tango queer como respuesta al tango “heteronormativo” es una idea infundada, que posiblemente ha surgido de una transferencia desacertada del genuino y generalizado sentimiento de ira hacia la opresión de las mujeres en la sociedad patriarcal, sobre un contexto particular donde esta relevancia es marginal, como mucho.

¿Dónde estamos ahora?
Hoy, desde mi experiencia, hay un agitado tráfico de doble dirección entre el tango queer y el mundo del tango tradicional. En Londres, bailamos tango queer entre nosotrxs y también con quienes bailan en las milongas tradicionales. Esto está sucediendo en el resto de lugares también. El tanguero queer Johannes Schiebel-Lauer me escribió en 2012 acerca de experiencias comparables en Berlín:

‘He tenido experiencias similares en las milongas de aquí. Bailar queer en una milonga normal nunca ha conducido a ningún problema, al contrario, alguna gente incluso lo ha comentando de forma positiva. Por lo tanto no tiene mucho sentido mantener estos límites.’

Lo que estaba considerado como una rareza hace pocos años ahora se está convirtiendo en algo familiar.

La incomprensión cede el paso al alivio y la aprobación. Ahora, completxs extrañxs se acercan a nosotros regularmente para decirnos lo mucho que les gusta vernos bailar juntos. Es como si quisieran bailar en un mundo que nos admite y cerebra. Estamos abriendo los espacios de tango queer a lxs bailarinxs tradicionales. Otros nos siguen activamente y quieren unírsenos. Si el tango queer se está insertando en el tradicional, el tradicional está tomando un vivo interés en el tango queer.

En el mundo del tango angloparlante la transición desde referirse a “damas” y “caballeros” (o incluso “el hombre” y “la mujer”) hacia el uso de los términos “leader” y “follower” es anterior al primer festival de tango queer en Hamburgo. El uso de terminología neutral, con sus propios problemas, está incrementándose y acomoda estos cambios y refuerza el proceso de normalización que se está produciendo.

El abrazo de tango es un modo exquisito de ser abiertx y una manera maravillosa de revelarnos entre quienes nos comprometemos con él. “Queer” no es solo, o preferiblemente, ni siquiera una orientación sexual. Puede argumentarse que es una sensibilidad social y política. ¿Tienes que ser LGTBIQ para bailar tango queer? Sugiero que posiblemente no. Me parece perfectamente razonable que cualquiera abiertx a esta sensibilidad pueda bailarlo como elija. Desde luego, es perfectamente posible comprometerse con las prácticas sin el bagaje político, aunque argumentaría que esto es simplemente rol abierto, y no tango queer. Diferentes personas traen diferentes cualidades al tango queer, que celebra, o debería celebrar, la diversidad sexual, más que proscribirla. Me gusta esta apertura queer. Lógicamente, ser LGTBIQ no debería aplicarse como un test de entrada al tango queer. En el tradicional, las mujeres cada vez tienen más oportunidades para llevar. Es más duro para los hombres adquirir experiencia como seguidores, y todavía la evidencia de hombres pidiendo ser llevados es anecdótica. En mi diario de tango queer, de nuevo, el 29 de mayo de 2012, en una milonga tradicional:

‘Ocurrencia interesante: un hombre heterosexual con el cual tengo una relación de saludarnos, sonreírnos y darnos la mano, empezó distraídamente y sin intenciones algo como un combate cuerpo a cuerpo y entonces me ofreció el abrazo, y después bailó conmigo (llevando él). Entonces me pidió que le llevara. Lo encuentro interesante. Se necesita valor para hacer eso. Aunque se sentía suficientemente cómodo y lo hizo. Lo admiro…también pienso, de alguna manera, que tiene un valor político.’

El tango queer ha fomentado el intercambio, el impecable cambio de roles dentro del baile. Muchxs bailarinxs de tango queer se deleitan con ello. Intercambiar roles, cuando el intercambio tiene lugar, sólo funciona si un solo baile es realizado conjuntamente por ambxs miembrxs de la pareja y continúa siendo bailado durante del cambio, por prolongado que éste sea. Bailo intercambio tanto con bailarinxs LGTBIQ como con bailarinxs tradicionales. Erika ha aprendido a llevar. Martin ha aprendido a seguir. Ella y Martin son consumadxs bailarinxs de intercambio. Como dice Erika: “Siento que está bien”. Y ¿por qué no deberían las mujeres llevar a hombres? Hoy, como parte de este reajuste fundamental de cómo el auténtico tango puede practicarse, esto es también parte del mix, y yo atribuyo estas oportunidades en parte a la creciente visibilidad del tango queer.

Recientemente (2014) he sabido que el hecho de que las mujeres lleven, los hombres sigan y el intercambio forman parte de lo que enseña una pareja heterosexual de bailarinxs profesionales de tango tradicional en Londres. Sugiero que no habrían hecho esto sin haberse expuesto y sin conocer la contribución del tango queer. Aún otro desarrollo: el tango queer puede distinguirse incluso por consistir en bailar tango sin llevar ni seguir. Experimenté esto durante una clase memorable que dio Mariano Garcés en 2011 en una visita que hizo a Londres gracias a la invitación de Nick Stone. Experiencia que no dudo que continuará apareciendo.

Sugiero que el tango queer ha puesto juntas prácticas que ya existían, añadiéndolas y proveyéndolas de un marco histórico y político dentro del cual pueden ser replanteadas, refrescadas, adquiriendo nueva vida y trabajándose dentro de un todo coherente, vibrante y útil. El modelo en que nos hemos desarrollado dentro de la comunidad internacional de tango queer debe más a las prácticas tradicionales – históricas y actuales – de lo que a veces se reconoce. Nació de ellas, y no es su opuesto antagonista. Cada uno incorpora verdades de las cuales el otro puede y de hecho se beneficia. Ninguno de los dos lo ha reconocido completa y públicamente, aunque las prácticas van más allá de cualquier protesta. Este ensayo es un intento, aunque pequeño, de mover ese proceso de reconocimiento hacia delante, animándolo, porque yo quiero bailar en un mundo en que ese proceso vaya incluso más allá. Necesita monitorización. Necesita cuidado. Llevará tiempo. Soy optimista.

Si estás de acuerdo con los puntos de vista expresados aquí, o si no lo estás, o tienes comentarios, por favor házmelo saber; pero si es posible, y si lo eliges, te agradecería que primero bailaras conmigo. Siempre podemos hablar después.

Notas: Ray Batchelor, Queer Tango Diaries 2012-2014, no publicado.
Christine Denniston, The Meaning of Tango: the Argentinian Dance, Portico, London, 2007.